Consumo

Nuevos hábitos de consumo: entre compras achicadas y la matemática de las cuotas

Programarse en el modo ahorro supone cierto estoicismo: resignar productos, primeras marcas y fragmentar el ritual de la compra mensual, en la agotadora búsqueda por el precio justo. Oferta y demanda, una pareja en franco desencuentro.

A 45 días de la aplicación del plan de Precios Transparentes, desde el Ministerio de Producción aseguran que en enero y febrero los precios de contado de electrodomésticos bajaron entre un 4% y un 8% (Marcelo Carroll).

 La eco-bolsa del por si acaso en la cartera de la dama y el bolsillo del caballero. En la frente (algo marchita) se inscribe una leyenda:no comprar mucho; sólo comprar bien. Hay que ser expeditivo y sagaz: las promociones pueden brotar, como un mesías, en el mero deambular urbano.

La lógica que hoy guía el consumo supone un scheduleagobiante. Si es día de descuento, leche y conservas en el mayorista o el súper. Para la carne, sacar número en la carnicería. Para pollo, la granja de la otra cuadra, con ofertas de más kilos de los que entran en el freezer, según si es pata-muslo o qué. Los vegetales -otra cola eterna-, en el autoservicio, en donde un kilo de manzanas cuesta hasta un 40% menos que en el supermercado. El queso, por horma, en la usina láctea que ahora tiene local a la calle: mozzarella por kilo, $ 98 (supermercado: $ 135). El incierto qué vendrá provoca que el consumidor se sienta Gardel si además de haber ahorrado unos pesos con la tarjeta de fidelidad de turno (justo el día de la promo en bebidas 4×3, por ejemplo), logra, ya en marzo, stockear gaseosa para las Fiestas. Se compra fragmentado, se compra, en el sentido pleno del término, en cuotas. Aunque de cómodas no tienen mucho.

El círculo es vicioso. Los números de la economía derivan en conductas que dan lugar a más números, que a su vez impactan en el todo. La inflación anual de cerca del 40% y la caída del salario real, que sólo en el sector formal rondó el 7%, derivaron, sin mucho intermediario, en una caída del 4% del consumo masivo, o sea todo aquello que compone la mítica “canasta”. Para completar el gráfico, los argentinos que el año pasado consumieron menos representan el 80% de los hogares.

A los consultores les gusta decir que se compra “chiquito”. O sea que se compra más seguido, pero en menores cantidades, como aclara Juan Manuel Primbas, de la consulta Kantar Worldpanel: “Antes el consumidor común se llevaba, en una sola visita al supermercado, entre 10 y 12 categorías de productos. Hoy se lleva menos de 7. Además de que se consumió menos en 2016, en los últimos tres años los hipermercados perdieron 1 millón de clientes”. Para dar más detalle, el 28% de los hogares (hablamos de 3,6 millones de viviendas), que pertenece al nivel socio económico medio-bajo, contrajo su consumo un 5%. ¿De qué manera? Según Kantar Worldpanel, en compras de menor volumen, con menos unidades (no con formatos más chicos).

Claramente se compra de otra manera. En el certamen dominical del yo sé, el jurado de expertos destaca la plasticidad de la población para amoldar sus hábitos al contexto económico que toque. “En los últimos años, los argentinos se transformaron en cuoteros”, asegura Guillermo Oliveto, a cargo de la consultora W, especializada en el análisis de tendencias de consumo.

El consumo siguió en caída en enero de este año, según informó el INDEC (Z Bonetto).

Observa que “surgió un nuevo patrón de consumo acorde al contexto: el modo austero. Los argentinos tienen una sensibilidad y capacidad de adaptación para readecuar sus hábitos en función de la dinámica económica, ya sea cuando la economía se expande, como cuando se contrae. Hoy dicen ‘antes compraba sin mirar; ahora me fijo en todo’. Están mucho más atentos a cómo usan su dinero. Y al no convalidar ciertos precios, los volúmenes de ventas caen. La gente quiere pagar lo que entiende que es el ‘precio real’ del producto. Cuando entiende que lo encontró, compra”.

Para Mariano Otálora, director de la Escuela Argentina de Finanzas Personales, “ninguna familia cambió sus hábitos en este primer trimestre de 2017; los cambios vienen del año pasado y puede decirse que el argentino está en ‘modo ahorro’. La gente se achicó, tanto el que tenía poder adquisitivo como el que no lo tenía, porque las expectativas no eran buenas. Lo interesante es que cuando bajás tu nivel de consumo enseguida notás que tu vida funciona igual que si consumís más. En Economía está demostrado que por más que le regales productos y promociones, el consumidor en ‘modo ahorro’ no consume”.

Por las diferencias de precio, muchos eligen las carnicerías de barrio (Néstor García).

La directora de la consultora TrialPanel, Adriana Castagno, detalla el lugar del recorte: “No se resigna el colegio de los chicos, la salud ni los alimentos, desde ya. Aquello que está más relacionado con el placer, con premiarse, se deja a un costado, como el entretenimiento, la cosmética… todo lo que no sea básico”.

Para los pagos en cuotas, pautas más claras con el el plan de Precios Transparentes (Diego Waldmann).

Se suma el hecho, como señala Otálora, de que “las segundas marcas están ganando un terreno mayor. La gente cada vez es menos fiel a las primeras marcas, es decir que está dispuesta a cambiar”. Y hablando de planes “b”, muchos consumidores eligen comprar “marcas propias”, productos elaborados por el propio supermercado o cadena distribuidora, que representan un 35% de ahorro (en promedio) frente a las primeras marcas.

En cifras de Kantar Worldpanel, la segundas marcas y las marcas propias ya venían creciendo entre 2014 y 2015, cuando se alzaron en un 5%. Luego, en 2016, cuando la canasta total cayó un 4%, las primeras marcas se hundieron en un 7%, mientras que las segundas crecieron 4% y las marcas propias, 2%.

Los “precios cuidados” no se acumulan con los descuentos de las tarjetas de fidelización (Juano Tesone).

Hoy, el 10,3% del gasto de los hogares en consumo masivo (mayormente de los sectores medio-bajo y bajo-superior) está representado por marcas propias de cadenas. Ganan los alimentos y congelados y, en tercer lugar, los productos de celulosa, como papel higiénico, servilletas y rollos de cocina.

Los sondeos muestran incluso el desafío que deberán enfrentar los desarrolladores de estos productos, sólo comercializados en los locales de la firma que representan: mejorar su poder de recompra. Como informan desde Kantar Worldpanel, “la relación de frecuencia de compra de una marca propia versus una primera marca es de 1 a 5, es decir que los hogares adquieren primeras marcas cada 4 días, en promedio, y marcas propias cada 20”.

Dicho en criollo, el consumidor las prueba pero no siempre las reelige. Sería inútil -al menos para ciertos productos- obviar las diferencias de calidad. Dicen que lo barato…

Los expertos debaten si están bajando realmente los precios al contado, tras la implementación del plan de Precios Transparentes (Diego Waldmann).

Otra tendencia visible es el volantazo hacia locales más chicos, donde muchos eligen comprar. Un dato fuerte remite a las ventas de jabón para lavarropas en locales de sueltos de limpieza: en 2016, el 20,25% de los hogares compró este producto al menos una vez. Entre 2002-2003 (post crisis 2001), lo había hecho el 19,50%.

Desde TrialPanel, Adriana Castagno aclara que “ya no se hace la compra grande mensual sino compras puntuales y se busca precio. En el hard discount se buscan ciertos productos, en el hipermercado y el súper, otros; y se hace un mix con las carnicerías y verduerías de barrio. En cada microcanal se buscan las ofertas y la conveniencia para que el salario rinda. Los argentinos tenemos gimnasia para ahorrar y consumir mejor”.

En 2016, el 20,25% de los hogares compró al menos una vez productos de limpieza en locales de “sueltos” (Archivo Clarín).

En su opinión, “los canales de barrio ofrecen un nivel de simpatía y cercanía que pesa en la elección. Por ahí el verdulero o el carnicero ya sabe lo que te gusta y te ayuda a elegir. Esa confianza hace que estos comercios vivan el auge de siempre. También las ferias barriales de frescos y las cooperativas (en menor medida) empezaron a cobrar protagonismo”.

En datos de un estudio de mercado de TrialPanel, si bien el supermercado y el híper siguen siendo canales preferidos (52% y 62%, respectivamente), “los locales de barrio aumentaron sus ventas. Seis de cada diez consumidores los destacan como los canales más usados”. ¿Es que se necesita de esta cercanía en momentos de crisis? “Confluyen el contexto y la vuelta a algunas tendencias que priorizan los alimentos orgánicos y naturales”, reflexiona Castagno.

Sin embargo, el hábito que mejor representa los cambios en el consumo -señala Castagno- “es la tarjeta de fidelización, un aliado infaltable”. En una encuesta de TrialPanel, el 72% de los consultados aseguró tener alguno de estos plásticos. “La gente aprendió a esperar el día de la promoción, si el sábado tenés 3×2 en gaseosas, por ejemplo. De alguna manera hay menos impulsividad”, analiza.

Ansioso por aprovechar el bendito descuento, el cliente se ofusca ante la deliberada remarcación de precios. Y esta circunstancia, sumada a que los “precios cuidados” no se acumulan con los beneficios de las tarjetas, pueden volver insípido el ahorro. Según Castagno “es cierto que hay mucho de ‘siento que estoy ahorrando y me siento mejor’, pero también, aunque haya habido remarcación, promos como la del 2×1 o el descuento del 70% en la segunda unidad hacen importantes diferencias. El alivio se produce igual”.

En el Ministerio de Producción aclaran que, en enero y febrero, las ventas de electrodomésticos fueron superiores al promedio de 2016 (Juan Manuel Foglia).

Los expertos coinciden en que, aun cuando el contexto mejore, nada indica que habrá un retorno automático a los hábitos de consumo pasados. Otálora explica que “las familias a veces se adaptan a costumbres que después les quedan. La que empezó a ir al mayorista tal vez continúe yendo cuando todo se normalice. O el que no cambiaba su gaseosa por nada del mundo, ahora quizás aceptó la del supermercado y sigue con esa. Una cuesta $ 60; la otra menos de $ 20”.

Esos montos no se parecen en nada a los de otros rubros (electrodomésticos, indumentaria…) que también están brillando en primera plana por estos días. Guillermo Oliveto explica que las cuotas siguen y seguirán siendo muy valoradas, pero con algunos detalles: “El 70% de la gente sabe que las cuotas ‘sin interés’, en realidad lo tenían. A pesar de esto, prefieren comprar electrodomésticos en cuotas antes que en un pago con el 25% de descuento. No se da el mismo escenario con la ropa: el 70% prefiere el 25% de descuento en un pago, y el 30% de la gente, tener 12 cuotas. Sobre todo en bienes de alto valor como computadoras, celulares, televisores y heladeras, la cuota es, para muchos, el acceso a un ítem que de otro modo no tendrían”.

“El nuevo plan de precios transparentes se enmarca en una lógica más profunda de transparencia y de hablar con la verdad”, señala Oliveto. Para Mariano Otálora, “la medida estuvo bien, pero el error del Gobierno fue pensar que las empresas iban a bajar el valor en el pago de contado. Eso obviamente no sucedió. Yo creo que hay que darle tiempo a la medida: la aplicación estuvo mal, pero la medida en general está bien”.

Comparar precios, el consejo básico que los expertos dan al consumidor (Emiliana Miguelez).

El tema que ocupa hoy las cabezas de muchos actores del sector es la “caída fuerte en compras con débito y crédito que hubo en febrero. El freno en la demanda fue muy grande en electrodomésticos e indumentaria, aunque ya venía del año pasado”, resume Juan Manuel Primbas. Así lo habían señalado también desde Fedecámaras, cuando advirtieron que los Precios Transparentes estaban frenando las ventas minoristas que se habían reactivado en enero.

A 45 días de la implementación del plan de Precios Transparentes, desde el Ministerio de Producción se compartieron, con este medio, algunas conclusiones optimistas. En un breve informe con datos actuales aseguran que “no hubo una caída interanual de las ventas con tarjeta”, aunque “cambió el mix de compras: las ventas al contado crecieron frente a las cuotas”. Por otro lado, “los precios de electrodomésticos cayeron en más del 6% (en todos los casos menos smartphones, que cayeron un 4,3%) en todos los rubros analizados, entre enero y febrero (fuente GFK)”. Además aclararon que “las ventas de electrodomésticos fueron superiores al promedio de 2016, en enero y febrero; lo que significa que cayeron los precios sin caer el consumo, en relación con el año anterior”.

Como sea, todos acuerdan a la hora de elegir un consejo útil para el consumidor: tomarse tiempo para comparar. “Más allá de si es en cuotas o al contado, la mejor opción es cotejar entre comercios. El consumidor está viviendo altos niveles de recesión e inflación hace cinco años. La clave es manejar un presupuesto, tratar de hacer un buen manejo de los pagos y de las deudas: evaluar qué pagás primero y qué renegociás. Y si no te alcanza, no te alcanza. A muchos no les gusta enfrentar su situación real. No hay muchas más opciones”, explica, realista, Otálora.

Venta de electrdomésticos en la ciudad de Buenos Aires (Silvana Boemo).

“El consumo crece fuerte en la venta de autos e inmuebles (efecto blanqueo y precios convenientes), pero continúa cayendo en electro y ropa (más moderadamente que en 2016) y en alimentos”, analiza Guillermo Oliveto, y opina: “Los macroecomistas y el Gobierno afirman que salimos de la recesión, pero para que ese efecto se sienta en la calle hace falta que se note en el bolsillo”.

¿Cuándo ocurrirá? El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, auguró que el consumo se reactivará a partir de mayo o junio. Para Oliveto será “cuando lleguen los sueldos nuevos y la inflación sea del 1% mensual. Con una proyección de recuperación del poder adquisitivo de 3 o 4 puntos, un descenso de la inflación en la zona del 20% anual y una suba de tarifas menor que el año pasado, junto con la aceleración de la obra pública y el efecto que esto tendría en el empleo, estimamos que el consumo masivo podría crecer un 2% este año”. Y subraya: “No es una fiesta ni un boom, pero ayudaría a que la macro y la microeconomía se articulen y a que mejore la percepción en la calle”.

Fuente: http://www.clarin.com/suplementos/zona/nuevos-habitos-consumo-compras-achicadas-matematica-cuotas_0_Sy_M0y7ne.html

Del Principio en “favor debilis” al Principio “In Dubio Pro Consumidor”

En Agosto del año 2015 comenzó a regir un Nuevo Código Civil y Comercial que representa una profunda transformación en la regulación de las relaciones jurídicas entre los privados. Es la primera vez en la historia jurídica argentina, después de la última reforma introducida por la ley 17.711 del año 1968,  que no se realiza una mera reforma de algunos articulados, sino que lo que se ha sancionado es un Código completamente nuevo. Esta situación genera profundos desafíos de diferente índole para todas las personas, especialmente para los profesionales del derecho: jueces, abogados de empresas, de familia, especialistas en derecho del consumo y quienes ejerzan el derecho de daños y demás relaciones de tipo contractual. Los mismos se encontrarán con nuevas figuras jurídicas y otros institutos que se mantienen vigentes con flamantes modificaciones.

Adentrándonos al tema, abordaré el marco normativo que protege y regula las relaciones de consumo, la Ley Nacional N° 24.240, conocida como Ley de Defensa del Consumidor. Esta ley posee lo que algunos juristas denominan “anclaje constitucional”, ya que conforma los derechos de tercera generación establecidos en la reforma constitucional del año 1994, receptados en su Art. 42. Con el surgimiento del nuevo Código Civil y Comercial, se  introdujeron algunas modificaciones a la Ley de Defensa del Consumidor, la cual se encuentra vigente y es de Orden Público. Tomando como punto de partida este proceso de cambio a nivel legislativo, desde este espacio se intentará hacer un análisis comparativo de los diferentes institutos y principios consagrados en la ley y reformulados en el nuevo código.

Como primer abordaje a esta legislación es importante partir del principio de la “protección.” El Art. 42 de nuestra carta magna dispone “Los consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación de consumo, a la protección de su salud, seguridad e intereses económicos, a una información adecuada y veraz, a la libertad de elección, y a condiciones de trato equitativo y digno…”, y al mismo tiempo este PRINCIPIO PROTECTORIO se encuentra consagrado en el Art. 3 párrafo 2° de la Ley Nacional 24.240 y Art. 1094 del C.C. y C.N., en donde se establece que “en caso de duda en la interpretación de este Código o las leyes especiales, prevalece la más favorable al consumidor”. Este principio protectorio fue evolucionando a lo largo de la historia del derecho, tal es así que en el derecho primitivo la obligación se confundía con el estado del obligado, es decir, con la idea de sometimiento del deudor: el crédito era principalmente un señorío sobre determinados actos de la conducta del obligado de un modo similar al derecho real; a tal punto que el acreedor estaba facultado para ejercitar la fuerza sobre el deudor y su familia, obligándolo a trabajar para él. Esta figura fue cambiando con el tiempo, y el deudor dejó de ser una cosa para ser tratado como persona, consagrándose gradualmente los principios protectorios, favor liberatatis, favor debitoris, hasta nuestro actual principio pro consumidor.

Vélez Sarsfield fue quien realizó el primer avance en materia de protección, receptando en el viejo Código de Comercio el  Art. 218, inc. 7) que dispone que “ante cláusulas ambiguas o dudosas, estas deben siempre interpretarse a favor del deudor, en sentido de Liberación”. Vélez sostenía que el deudor era la parte más débil de la obligación. En la modernidad, este principio fue sufriendo modificaciones, ya que se advirtió que muchos deudores en realidad eran más fuertes que determinados acreedores, por lo cual el enfoque ya no recaía sobre la persona del deudor o el acreedor, sino sobre la noción de OBLIGACIÓN. La protección deja de ser individualizada, y subjetiva, poniéndose énfasis en la tipicidad contractual de las obligaciones.

En los últimos 30 años del siglo XX, y ante el avance de la Sociedad de Consumo, la expansión de los Mercados, la Industrialización, y la producción masiva de bienes y servicios, se decidió dar un paso más allá en materia de protección, dándose lugar a la noción de CONSUMIDOR y su relación en el ACTO DE CONSUMO, dejándose de lado la calidad de acreedor o deudor en una obligación o en un contrato en particular, surgiendo así la figura de consumidor y proveedor. Es la vulnerabilidad del consumidor ante el Mercado lo que justifica la aplicación de este principio protectorio, el cual es receptado en nuestra Constitución Nacional, en la Ley Nacional 24.240 y hoy en nuestro Nuevo Código Civ. y Com. Es importante resaltar que tanto la doctrina como la jurisprudencia han introducido este principio al momento de emitir sus fallos, siendo el Estatuto de los Usuarios y Consumidores la base y el fundamento de nuestro nuevo código de fondo, otorgándole a la materia autonomía, y reconociendo que las relaciones de consumo atraviesan todo el marco de las relaciones contractuales, no pudiéndose dejar de lado este principio ante los abusos del mercado, debiendo el Estado generar todos los mecanismos necesarios para tutelar estos derechos. Como profesionales del Derecho, no podemos dejar de observar este principio, entendiendo que el “in dubio pro consumidor” es la regla máxima de interpretación en materia contractual y extracontractual, y es “El juez al momento de sentenciar, quien no puede prescindir de esta pauta interpretativa, de esta directriz impuesta por la norma” (BERSTEN – “Derecho Procesal del Consumidor, Aut. Cit. P. 458”).-

Fuente: http://dpicuantico.com/area_diario/doctrina-en-dos-paginas-diario-consumidores-y-usuarios-nro-99-22-11-2016/

Avanza proyecto para aumentar a un peso el redondeo a favor del consumidor

YA OBTUVO MEDIA SANCIÓN. De ser sancionado como ley por el Senado, los comercios deberán exhibir esa disposición en carteles o publicaciones permanentes y tendrán 30 días a partir de la promulgación de la ley para cumplir con esa obligación.

La Cámara de Diputados aprobó y envió al Senado un proyecto que establece que cuando surjan del monto total a pagar diferencias menores a un peso y sea imposible la devolución del vuelto correspondiente, el redondeo será de un peso a favor del consumidor.

El proyecto, aprobado en el recinto de la Cámara baja por 194 votos, busca actualizar el monto de 5 centavos del redondeo previsto hasta ahora, por una ley sancionada en noviembre de 2006.

De ser sancionado como ley por el Senado, los comercios deberán exhibir esa disposición en carteles o publicaciones permanentes y tendrán 30 días a partir de la promulgación de la ley para cumplir con esa obligación.

Fuente: http://www.ambito.com/860220-avanza-proyecto-para-aumentar-a-un-peso-el-redondeo-a-favor-del-consumidor-

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